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Las seis mujeres que cambiaron el Maratón de Nueva York

En 1972, seis corredoras decidieron protestar contra una norma que les impedía tomar la salida junto a los hombres. Su gesto, tan sencillo como sentarse en el suelo durante diez minutos, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más importantes de la historia del maratón femenino. Más de medio siglo después, Nueva York vuelve a rendir homenaje a una de sus protagonistas.

El 1 de octubre de 1972, seis mujeres se colocaron en la línea de salida del Maratón de Nueva York. Hasta aquí, nada especialmente extraordinario. Salvo por un detalle: cuando sonó el disparo, en lugar de empezar a correr, se sentaron en el suelo.

No estaban lesionadas, no habían cambiado de opinión sobre disputar la distancia de Filípides y tampoco pretendían sabotear la carrera. Simplemente protestaban por querer correr en las mismas condiciones que los hombres.

Hoy puede parecer una reivindicación de lo más elemental, pero hace apenas 54 años el atletismo femenino todavía tenía que enfrentarse a normas que, vistas ahora con perspectiva, resultan difíciles de comprender. Aquellas seis corredoras protagonizaron una protesta que acabaría pasando a la historia del deporte como The Six Who Sat (las seis que se sentaron).

Y este viernes 30 de octubre, con motivo del Maratón de Nueva York 2026, una de ellas, Lynn Blackstone, será incorporada al Salón de la Fama de New York Road Runners.

Cuando las mujeres podían correr un maratón, pero no junto a los hombres

Para entender aquella protesta hay que trasladarse al atletismo de principios de los años setenta.

Durante mucho tiempo, las mujeres tuvieron prohibida o severamente limitada su participación en las carreras de larga distancia. La Amateur Athletic Union (AAU), organismo que regulaba entonces buena parte del atletismo estadounidense, había impuesto restricciones basadas en concepciones médicas y sociales sobre la capacidad de las mujeres para afrontar grandes esfuerzos…

Poco a poco, las corredoras fueron consiguiendo derribar aquellas barreras. Pero cada avance parecía llegar acompañado de alguna nueva condición.

En 1972 las mujeres ya podían participar oficialmente en determinadas maratones, aunque la AAU mantenía una norma que exigía separar las salidas masculinas y femeninas.

En el caso de Nueva York, aquello significaba que las mujeres debían comenzar a correr diez minutos antes que los hombres. La justificación era que ambas competiciones tenían que desarrollarse por separado. El problema es que, en la práctica, aquella separación seguía tratando a las mujeres como participantes de segunda categoría.

Diez minutos sentadas para cambiar las reglas

Seis corredoras decidieron que había llegado el momento de plantar cara a aquella normativa.

Eran Nina Kuscsik, Lynn Blackstone, Jane Muhrcke, Liz Franceschini, Pat Barrett y Cathy Miller.

El plan era sencillo. Cuando sonara el disparo de salida reservado a las mujeres, ninguna comenzaría a correr. En su lugar, se sentarían sobre el asfalto y esperarían a que llegara el turno de los hombres.

Y eso fue exactamente lo que hicieron.

Durante diez minutos permanecieron sentadas ante la mirada de corredores, organizadores, periodistas y fotógrafos. Algunas mostraban carteles denunciando lo absurdo de las normas de la AAU. Uno de aquellos mensajes venía a decir algo tan directo como: «AAU, estamos en 1972. ¡Despierta!».

Cuando finalmente llegó la salida masculina, las seis mujeres se levantaron y comenzaron a correr junto al resto de participantes.

Habían desobedecido el reglamento para demostrar que podían hacer exactamente lo mismo que los hombres: correr un maratón.

La imagen de aquellas seis mujeres sentadas en Central Park se convirtió en uno de los símbolos de la lucha por la igualdad en el atletismo.

Ganaron la carrera, pero recibieron una penalización

La protesta no impidió que Nina Kuscsik terminara imponiéndose en la clasificación femenina de aquel Maratón de Nueva York.

Kuscsik, que unos meses antes se había convertido en la primera vencedora femenina oficialmente reconocida del Maratón de Boston, completó la prueba neoyorquina con un tiempo de carrera de 3:08:41.

Sin embargo, la desobediencia tuvo consecuencias. La organización aplicó una penalización de diez minutos por no haber respetado el horario de salida asignado a las mujeres.

La protesta recibió atención mediática y contribuyó a aumentar la presión sobre las autoridades deportivas estadounidenses.

Ese mismo año, la AAU terminó eliminando la obligación de separar las salidas masculinas y femeninas.

Lynn Blackstone
Lynn Blackstone

Lynn Blackstone, una de aquellas pioneras, recibirá un homenaje 54 años después

Entre las protagonistas de aquella mañana estaba Lynn Blackstone, que entonces apenas había comenzado su trayectoria en las carreras populares. Su participación en la protesta fue solo una parte de una larga relación con el atletismo neoyorquino.

En 1973 terminó tercera en el Maratón de Nueva York y, tres años después, participó en la primera edición que recorrió los cinco distritos de la ciudad, un cambio histórico que transformó la prueba de Central Park en el gran acontecimiento internacional que conocemos actualmente.

Blackstone también colaboró con New York Road Runners en labores de comunicación y captación de fondos para aquella edición de 1976.

Más de medio siglo después, sigue vinculada al running. De hecho, en 2025 ganó su categoría de mayores de 80 años en la New Balance 5th Avenue Mile de Nueva York.

Este viernes 30 de octubre será incorporada al Salón de la Fama de New York Road Runners, durante la ceremonia inaugural del Maratón de Nueva York 2026.

Un reconocimiento que también sirve para recuperar la memoria de sus cinco compañeras de protesta y de una generación de mujeres que tuvo que pelear por derechos que hoy se dan por sentados.


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