Con solo 19 años, el australiano se ha convertido en el atleta del momento. Invicto en 2026, acumula siete victorias en siete carreras y este domingo afronta en Estocolmo su primer gran examen de la temporada en la Liga Diamante.
A sus 19 años, el australiano llega a la Liga Diamante de Estocolmo rodeado de una expectación pocas veces vista en un corredor tan joven. Y los números ayudan a entender por qué. En lo que va de temporada permanece invicto. Siete carreras, siete victorias. Ninguna derrota con registros que lo sitúan en lo más alto:
- 3:47.57 en la milla.
- 7:27.57 en 3.000 metros.
- 1:44.05 en 800 metros.
- 3:29.85 en 1.500 metros.
Unas marcas que han disparado las comparaciones con los grandes nombres del medio fondo mundial y han provocado que muchos ya se pregunten hasta dónde puede llegar este fenómeno australiano.
Detrás de los focos, de las victorias y de los cronómetros espectaculares hay un sistema de entrenamiento construido sobre la paciencia, la constancia y una enorme base aeróbica.
Según explicó en un análisis publicado por COROS, Myers no ha llegado hasta aquí haciendo entrenamientos heroicos. Su progresión se ha basado en algo mucho más sencillo de decir que de hacer: acumular años de trabajo.
La obsesión por hacer bien lo básico
Tras una temporada espectacular, la tentación habría sido aumentar la intensidad o introducir grandes cambios en el entrenamiento. Pero no fue así.
“La lección del año pasado fue mantener lo importante como lo importante”, explica Myers. Y para él, lo importante sigue siendo el trabajo aeróbico.
Su preparación gira alrededor de un equilibrio muy medido entre rodajes suaves, sesiones de umbral y trabajo de VO₂ máximo. La clave está en sumar semanas y meses de consistencia.
Durante los periodos de máxima carga llega a rondar los 120 kilómetros semanales, una cifra considerable para un atleta especializado en pruebas como el 1.500 metros. No hay kilómetros de relleno.

Un corazón que funciona diferente
Uno de los aspectos más curiosos de los datos compartidos por COROS es la frecuencia cardíaca del australiano.
Mientras muchos corredores considerarían alarmante trabajar cerca de las 190 pulsaciones por minuto, Myers es capaz de sostener esos registros durante sesiones de umbral sin que ello implique una acumulación excesiva de lactato.
Tras múltiples pruebas de laboratorio y mediciones de lactato, el atleta sabe exactamente dónde están sus límites reales y utiliza la tecnología para interpretar los datos correctamente, evitando errores que muchos corredores cometen al comparar sus números con los de otros atletas.
El arma secreta: las recuperaciones activas
Si hay una característica que define muchas de las sesiones de Myers son los llamados “floats” o recuperaciones activas.
En lugar de detenerse o trotar muy despacio entre repeticiones, mantiene ritmos relativamente exigentes que le permiten moverse continuamente alrededor del umbral fisiológico.
Esta metodología tiene un doble objetivo: mejorar el desarrollo aeróbico y reproducir las situaciones reales de carrera.

El error que ve en muchos corredores
A pesar de su juventud, Myers tiene muy claro cuál es uno de los mayores fallos que cometen numerosos atletas: obsesionarse con cumplir los tiempos previstos a cualquier precio. Si un día las sensaciones no son buenas, prefiere modificar la sesión antes que forzar para cumplir una cifra en el reloj.
El método detrás del fenómeno
Mientras muchos buscan resultados inmediatos, el australiano ha construido una base física gigantesca y ha dejado que el rendimiento aparezca como consecuencia.
Ahora, con siete victorias consecutivas y toda la atención del atletismo mundial puesta sobre sus hombros, llega el momento de comprobar hasta dónde puede llevarle ese método.


























































