La carrera por fabricar la zapatilla de competición más ligera ha llegado a un punto casi extremo. Las grandes marcas están entrando en una fase en la que el objetivo principal ya no es solo mejorar el retorno de energía o la placa de carbono, es reducir cada gramo posible hasta el límite funcional del material.
El caso más llamativo es el de las nuevas adidas Adizero Adios Pro Evo 3, que pesa en torno a 96–97 gramos en talla 9 de hombre. Según recoge The Wall Street Journal, se describe cómo, menos de la mitad de una zapatilla de running convencional y tan ligera que, en palabras de un responsable de Adidas, “la gente cree que la caja está vacía” cuando la sostiene. Salen a la luz este domingo, en el Maratón de Londres, en los pies de Sabastian Sawe, con unas expectativas altísimas.
El diseño lleva esta lógica al extremo: suela de goma reducida al mínimo, placa de carbono recortada a una estructura en U, espumas más ligeras e incluso un upper casi translúcido inspirado en materiales tipo cometa.
La tendencia no es exclusiva de adidas. Asics ha bajado a unos 128 gramos con su Metaspeed Ray, ajustando incluso los cordones para ahorrar peso, mientras que On ha optado por eliminar cordones y usar procesos de pulverización robótica para crear uppers tipo calcetín, con reducciones que rondan varias decenas de gramos. Todo ello responde a una misma lógica de ingeniería: eliminar masa donde no sea estrictamente necesaria.

El artículo cita estudios que estiman que reducir unos 99 gramos en el calzado puede recortar alrededor de un minuto en una maratón en atletas de élite. Esto se explica por un principio básico de biomecánica: el peso en las extremidades inferiores tiene un coste energético mayor que el peso central del cuerpo, por lo que cualquier reducción en los pies se amplifica en términos de eficiencia.
Aun así, el propio sector reconoce límites. Se considera que los 100 gramos están cerca de un umbral a partir del cual las mejoras se vuelven marginales, aunque técnicamente podría llegarse incluso a los 50 gramos en el futuro según afirma la propia marca. El problema es que, a partir de cierto punto, reducir peso implica sacrificar estructura, estabilidad o durabilidad.
A eso se suma otro factor menos visible pero clave: la adaptación del corredor. Algunos entrenadores y atletas apuntan que el rendimiento mejora cuando el cuerpo se acostumbra a un modelo concreto de zapatilla, lo que introduce una variable de aprendizaje neuromuscular que no aparece en los datos de laboratorio.



























































