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El lado oscuro del “peso ideal” en el deporte de resistencia

Clara Koppenburg

La Vuelta Femenina 2026 pone el foco en una conversación incómoda pero necesaria: los trastornos de conducta alimentaria, la amenorrea y el precio que muchas deportistas han pagado durante años por perseguir el “peso ideal”.

Clara Koppenburg y Magdeleine Vallières son dos de las voces que han decidido hablar claro.

Durante décadas, el deporte de alto rendimiento ha vivido obsesionado con una idea tan simple como peligrosa: menos peso equivale a más rendimiento. En disciplinas de resistencia como el ciclismo, el atletismo o el trail running, esa ecuación ha sido repetida, sugerida o directamente impuesta hasta convertir el cuerpo de muchas deportistas en un campo de batalla.

Pero el deporte femenino está empezando a romper uno de sus grandes tabúes. Y La Vuelta Femenina 26 ha querido poner sobre la mesa una conversación que va mucho más allá de la bicicleta: los trastornos de conducta alimentaria, la amenorrea y la necesidad de entender que una deportista no es una máquina de producir vatios, kilómetros o resultados.

Porque sí, en la vida hay cosas más importantes que el rendimiento.

Magdeleine Vallières, sobre el sillín, ríe junto a su compañera Cédrine Kerbaol durante La Vuelta Femenina 25 by Carrefour.es
© Cxcling Creative Agency

Amenorrea, TCA y deporte: cuando el cuerpo deja de enviar señales normales

La amenorrea -la ausencia de menstruación- ha sido durante mucho tiempo malinterpretada en el deporte de resistencia. Para algunas deportistas, perder la regla llegó incluso a verse como una especie de “medalla invisible”: la señal de que se estaba entrenando mucho, pesando poco y llevando el cuerpo al límite.

El problema es que esa señal no habla de excelencia deportiva, sino de desequilibrio.

En el ámbito científico, este fenómeno se relaciona a menudo con el RED-S -Relative Energy Deficiency in Sport o déficit energético relativo en el deporte-, un síndrome que aparece cuando el cuerpo no recibe suficiente energía para sostener al mismo tiempo el entrenamiento, la recuperación y las funciones básicas de salud. El Comité Olímpico Internacional actualizó en 2023 su consenso sobre RED-S, incidiendo en que puede afectar al sistema hormonal, la salud ósea, la inmunidad, el rendimiento y la salud mental del deportista.

No se trata, por tanto, de “estar fina”. Se trata de que el cuerpo empieza a apagar funciones porque no tiene combustible suficiente.

Y en ese contexto, los trastornos de conducta alimentaria -TCA- no son una rareza. La National Eating Disorders Association recuerda que las tasas de trastornos alimentarios son más altas en deportistas que en población no deportista, con cifras especialmente preocupantes en mujeres atletas, aunque los datos varían mucho según el método de estudio, la disciplina deportiva y el grado de sinceridad en las respuestas.

Clara Koppenburg: “Perseguía mi peso ideal”

Una de las voces más contundentes en este debate es Clara Koppenburg, ciclista alemana, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y actualmente corredora del Tudor Pro Cycling en la escena gravel.

Koppenburg no habla desde la teoría. Habla desde una experiencia vivida en primera persona.

Tras años en el ciclismo profesional de carretera, la alemana decidió contar públicamente su relación con los TCA, la pérdida de peso extrema y la amenorrea. Según explica en la nota difundida por La Vuelta Femenina, cuando llegó al profesionalismo el tema era prácticamente tabú. Nadie hablaba de ello, pero estaba presente en el día a día del pelotón.

La propia Koppenburg recuerda cómo algunos técnicos recomendaban entrenamientos en ayunas o con muy poca ingesta, buscando que el cuerpo “respondiera” mejor cuando llegase la competición. En un entorno con poca presencia de nutricionistas y especialistas en salud femenina, muchas jóvenes seguían los consejos de quienes parecían saber más.

El problema llegaba cuando el rendimiento, al principio, parecía mejorar. “Conforme perdía peso, mi rendimiento mejoraba. Y así empezó mi círculo vicioso”, relata la alemana.

Ese círculo la llevó a una relación cada vez más obsesiva con su cuerpo. Koppenburg explica que llegó a verse en el espejo con cada vena marcada y a asociar esa imagen con la de una ganadora del Tour de Francia. En sus peores momentos, con 1,70 metros de altura, llegó a pesar 42 kilos.

La escena que describe es demoledora: cenas familiares en las que fingía haber comido dejando migas de pan en un plato para tranquilizar a sus padres.

La falsa idea de que perder la regla es “normal” en una deportista

Uno de los puntos más importantes de su testimonio tiene que ver con la amenorrea.

Koppenburg reconoce que, cuando dejó de tener el período, interpretó aquello como una buena señal. Pensó que era una consecuencia natural de ser una deportista de alto nivel. Escuchaba a otras ciclistas quejarse porque la menstruación podía afectarles sobre la bicicleta y ella, en cambio, se sentía “afortunada” por no tenerla.

Ese es precisamente uno de los grandes problemas culturales del deporte femenino: normalizar lo que no debería normalizarse.

La pérdida del ciclo menstrual no es una adaptación deseable al entrenamiento. Es una señal de alarma. El consenso científico sobre RED-S insiste en que la baja disponibilidad energética puede tener consecuencias sobre la salud reproductiva, la densidad ósea y el funcionamiento general del organismo.

Y aquí conviene decirlo claro: una deportista puede entrenar duro, competir al máximo nivel y cuidar su composición corporal sin cruzar la línea que separa la preparación del daño.

Recuperar la regla como una victoria

En 2024, Koppenburg decidió iniciar su recuperación. Y ese proceso, según cuenta, fue durísimo.

Ganar peso no fue solo una cuestión física. También fue una batalla mental. Mientras recuperaba salud, algunas sensaciones sobre la bicicleta empeoraban. El deporte que más amaba empezó a hacerse más difícil. Pero, al mismo tiempo, su vida fuera de la bici empezó a ser más bonita.

Ahí aparece la frase que debería estar en todos los centros de tecnificación, equipos, clubes y escuelas deportivas:

“En la vida hay cosas más importantes que el rendimiento”.

El proceso terminó de cerrar una herida cuando volvió a tener la menstruación. Al principio se sintió superada e incluso asustada, como si hubiera perdido el control de su cuerpo. Pero pronto entendió que había logrado algo mucho más importante que cualquier resultado: recuperar una señal básica de salud.

Ahora, cada cuatro semanas, recibe el período como una confirmación de que está en el buen camino.

Magdeleine Vallières: salud para ser campeona del mundo

El caso de Koppenburg no es aislado. La actual campeona del mundo Magdeleine Vallières también ha hablado públicamente de este tema.

La canadiense, corredora del EF Education-Oatly, reconoció que en el inicio de su carrera buscó reducir su peso al mínimo posible y perdió la menstruación como consecuencia. En 2025 trabajó junto al equipo para recuperar su ciclo antes del Tour de France Femmes avec Zwift, donde terminó 18ª. Dos meses después se proclamó campeona del mundo en Kigali, Ruanda.

Su mensaje es tan potente como sencillo: una buena salud es la mejor vía para alcanzar el máximo nivel.

Y quizá ese sea el gran cambio de paradigma. Durante años se vendió que la salud era algo que podía sacrificarse temporalmente en nombre del rendimiento. Ahora, cada vez más deportistas están demostrando lo contrario: sin salud no hay carrera larga, ni progresión sólida, ni futuro deportivo sostenible.

 

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El papel de los equipos, entrenadores y clubes

Ninguna deportista debería enfrentarse sola a esta presión.

Koppenburg subraya la importancia de contar desde el inicio con buenos técnicos, nutricionistas, médicos y personas capaces de detectar señales de alerta. También recomienda controlar indicadores como la densidad ósea mediante pruebas DEXA, realizar análisis de sangre y prestar atención a la salud hormonal.

La ciencia actual también va en esa dirección. Las recomendaciones del COI sobre RED-S insisten en la prevención, la detección temprana y la necesidad de equipos multidisciplinares que protejan la salud del deportista antes de que el problema se convierta en una lesión, una fractura por estrés, una depresión, una retirada prematura o un trastorno alimentario cronificado.

Esto afecta al ciclismo profesional, pero también al atletismo popular, al trail, al triatlón y a cualquier entorno donde el peso se comenta demasiado y la salud se pregunta demasiado poco.

Porque no hace falta estar en el Tour de Francia femenino para sufrir esa presión. Basta con preparar una maratón, entrenar en grupo, seguir demasiadas cuentas de redes sociales o escuchar demasiadas veces que “unos kilos menos te harían volar”.

El rendimiento no puede estar por encima de la persona

El deporte de resistencia tiene una relación complicada con el sacrificio. Nos gusta hablar de disciplina, de constancia, de levantarse temprano, de sumar kilómetros cuando no apetece y de aguantar cuando el cuerpo pide parar.

Todo eso forma parte del juego.

Pero hay una línea que no se debería cruzar nunca: la que convierte la exigencia en autodestrucción.

La Vuelta Femenina 2026 acierta al poner esta conversación en primer plano. Porque hablar de salud menstrual, TCA y RED-S no debilita el deporte femenino. Lo fortalece. Lo hace más adulto, más justo y más sostenible.

Koppenburg y Vallières han puesto palabras a algo que muchas deportistas han sufrido en silencio. Y su mensaje sirve también para corredoras, entrenadores, clubes, familias y medios de comunicación: el cuerpo no es un enemigo al que haya que domesticar para rendir más. Es el lugar desde el que se entrena, se compite y se vive.

Y sí, conviene repetirlo una vez más: en la vida hay cosas más importantes que el rendimiento.


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