Josué Canales corre siempre al límite. Bronce mundial en 800 metros short track, su forma de correr, y de entender el atletismo, parece al filo de navaja. De esos atletas que no sabe qué es el medio gas y que asumen el sufrimiento como parte del trato.
Desde sus inicios marcados por las curvas de la adolescencia hasta consolidarse en la élite internacional, la suya es una historia de constancia, carácter y ambición sin atajos. En La Bolsa del Corredor nos sentamos con él, en su hábitat natural, el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés, en su momento de mayor madurez deportiva y profesional. Hablamos del pasado, del presente y de un futuro que promete grandes batallas.
De pequeño te has definido como un “balaperdida”. ¿En algún momento imaginaste este escenario?
Llegar a representar a España o a dedicarme a esto creo que nunca lo llegué a pensar. Sí que pensaba que se me daba bien, porque yo empecé con 600 y 1000. Desde pequeño apuntaba maneras y de ahí venía mi confianza de decir: hostia, casi no me he esforzado y estoy aquí rindiendo.
Pero esa facilidad también coincidió con una etapa complicada.
Me pilló justo en la edad-crisis de una persona, que es la adolescencia, 13 o 14 años, y encima mis padres estaban viviendo un divorcio. Yo simplemente iba para el parque y es muy fácil venir de un sitio como de donde vengo y que te llame lo malo, porque es lo que te rodea.
Ahí aparece el atletismo como refugio.
Yo con los estudios fallaba mucho, no tenía un control, no tenía una guía. Entonces siempre he dicho que el atletismo me ha redirigido a un lugar sano. Un lugar donde te enseñan compromiso y disciplina, pero de una manera que la haces por ti.
No por obligación, sino por responsabilidad.
El entrenador no es como un profesor que te pone una falta. Si tú no vienes al entreno sabes que vas a rendir menos. Eso te hace responsable.
¿Te ha formado como persona?
Totalmente. Los valores que yo tengo hoy en día o la persona que soy es gracias al deporte. Todos mis entrenadores me han ido formando.
¿Cómo recuerdas ese primer contacto con el atletismo?
Empiezo con un cross escolar porque un compañero de clase me dice: apúntate. Me equivoco de categoría, corro una carrera que no es la mía, pero a partir de ahí dije: no estoy haciendo nada en casa, me voy a entrenar.
Y ahí ya no hay vuelta atrás.
Era un club de chavales que se iban a correr. Un run club actul pero sin tantos móviles. Luego fuimos al Campeonato de Cataluña infantil en Tarragona. Yo solo tenía marca para el 1000, corrí la final y esa carrera la gané. Fue mi primer año de atletismo.

Ese éxito temprano refuerza tu mentalidad.
Invertí un poquito más. Pedí una beca en el GEiEG de Girona y ahí ya empieza todo de verdad.
“A nivel profesional te puedes sentir un poco una marca, un número. Pero solo nunca”
Siempre has sido muy de creértelo.
Me miraba muchos vídeos de Muhammad Ali, sus afirmaciones, sus entrevistas. Yo decía: quiero ser como él. Si había un récord de España, decía: voy a intentar ir a por ese récord.
Y muchas veces salía.
Era como que la vida me lo respondía. Si en verdad me lo creo, lo hago.
¿Nunca te frustró no alcanzar ciertos sueños?
Si sale, sales como un amo. Y si no sale, te vas con la satisfacción de que has muerto en el intento.
Este último año, sin embargo, sí aparece más frustración.
Me frustra cuando siento que tengo la capacidad de hacer algo, que he entrenado para ello, pero no me acaba de salir. Este aire libre ha sido el que más he sentido eso.
¿Tiene que ver con el cambio de estatus?
Antes era David contra Goliat. Si no lo hacías bien, no pasaba nada. Ahora ya no eres David. Ahora hay gente por detrás apretando y tú eres el que defiende su posición.
Eso pesa más de lo que parece.
A nivel mental me afectó. Igual iba más tenso, perdiendo esa capacidad de decir: “me da igual, voy a darlo todo.”
La Montse, que es la señora de la limpieza, siempre me ve y me dice: ‘ahí va mi moreno de la 13’.
¿Te has sentido solo en ese proceso?
Nunca. Mi círculo ha sido el mismo corriendo a 1’55 que a 1’44. He celebrado mis logros y mis derrotas con la misma gente.
Aunque el alto rendimiento te convierte en un número.
A nivel profesional sí te puedes sentir un poco una marca, un número. Pero solo nunca.
El CAR marca un punto de inflexión.
Entrar aquí me dio una rutina de deportista. Desayunar, entrenar, comer, descansar, volver a entrenar… eso en bucle.
Y aparece la 313. ¿Qué simboliza?
La 313 simboliza el punto de inflexión de mi carrera deportiva. Es el comienzo de una nueva historia.
¿Por qué convertir un número de habitación en identidad?
Empezó con mi compañero de habitación. Tiene flow..Igual que está Mariano con la moto, pues yo soy el chico de la 313.
Se te quedó pegado.
La Montse, que es la señora de la limpieza, siempre me ve y me dice: ‘ahí va mi moreno de la 13’. Se me enganchó.
Y tú vives en la 313.
Sí lo he mantenido hasta hoy.
También un cambio físico enorme.
Eso es lo que me desarrolló muscularmente. Yo antes ni iba al fisio.
Desde fuera se ve mucha épica. ¿Dentro es así?
No. No hay esa epicidad que se ve desde fuera o como en la serie.
¿Qué hay entonces?
Rutina. Todo el mundo está cansado, quiere descansar.
Nada de salseo.
No hay tanta chicha como se quiere vender.
“Yo cuando compito digo: me muero aquí. Si me tienen que sacar a rastras, me sacan”

La mínima olímpica fue un momento clave.
Fueron siete días donde conseguí la mínima olímpica, el transfer para poder competir con España y encima no la cagué en el Campeonato de España.
El día que sale el transfer lo recuerdas con nervios.
Me levanto con llamadas, con la noticia publicada antes de que yo lo supiera. Ahí me puse de los nervios.
Porque ya no había excusas.
Solo faltaba no cagarla.
“Yo no me preparo para la batalla, me preparo para evitarla”
En carrera siempre vas al límite.
Yo cuando compito digo: me muero aquí. Si me tienen que sacar a rastras, me sacan. Porque sé que un 800 si no lo corro así, no lo sacas.

¿Entonces?
Siempre intento preparar la mente para estar dispuesto a llegar a límites que no pensaba que llegaría. Me quito el pulsómetro, cualquier información negativa.
El 800 exige eso.
Es muy agónico. Yo lo sufro más que un 400.
En pista cubierta hay golpes, codos…
Yo no me preparo para la batalla, me preparo para evitarla. Cada golpe te va restando.
Todo pasa por leer la carrera.
Analizo a los rivales, cómo corren, quién va a pelear la calle libre. He aprendido a levantar la cabeza en la primera curva.
¿La estrategia cambia mucho según quién tengas al lado?
Claro. Si en una carrera me ponen a competir con un perfil u otro, la estrategia puede variar. Nosotros estamos abiertos a eso: nos adaptamos a los rivales. Cuando tú juegas a imponer tu plan sin adaptarte, te puede salir otro gallito que diga ‘yo también quiero esto y de aquí no me muevo’.
Lo más común es que dos quieran pelear la calle libre y acaben peleándose entre ellos. Nosotros intentamos evitar eso. Estudiamos cada caso: si te colocas aquí haces esto, si apareces más adelante haces esto. Planificamos varias estrategias dependiendo de dónde te encuentres.
¿Hay perfiles especialmente incómodos en el 800?
Hay gente con la que prefieres correr y gente con la que te da más pereza, eso siempre. Lo dejamos ahí.

Hablemos de Attaoui. Sois parte de la misma generación. ¿Qué representa para ti?
Para mí es inspiración. Llevamos coincidiendo desde los sub-23, y desde el principio hemos tenido muy buena relación. Siempre nos hemos apoyado, siempre nos hemos felicitado los logros.
Al final eso provoca que tú ahora corras en 1’44 y pienses: hay un cabrón que está corriendo en 1’42, que es mi amigo, y yo quiero ir a por él. Eso hace que no te relajes y te demuestra que de verdad se puede.
Esa rivalidad eleva el nivel.
En mi propio país hay alguien que está corriendo mucho más y yo quiero acercarme. Eso es retroalimentación pura. Lo respetamos muchísimo, yo valoro muchísimo lo que ha hecho. Ver cómo aprieta los dientes y sigue con esa capacidad de sufrimiento es motivación.
¿En qué punto estás ahora?
Más racional. Quiero consolidarme en el aire libre.
Pero sigues soñando.
Me gustaría debutar en una Diamond League.
El salto al profesionalismo también llega con New Balance.
New Balance es una marca que confió en mí cuando no podía ser internacional. Eso ya te demuestra el perfil de la marca en España, que cuida mucho a sus atletas. Siempre se ha presentado como un apoyo, no como un factor de presión.
Puedes hablar con cualquier atleta de New Balance y te dirá lo mismo. Yo no he sentido nunca que me vieran solo como una marca o un número, se valora mucho la persona y la imagen que da. Eso a nosotros nos ha ayudado mucho.

¿Ese respaldo te da tranquilidad?
A mí con que me firmaran cuando nadie más quería siempre estaré agradecido. Cuando pienso en la gente que hay dentro del equipo, son personas que valen la pena tanto como deportistas como personas.
Y mirando un poco más lejos: ¿el 1500 aparece en el horizonte?
Yo vivo de imposibles. Supongo que en un futuro acabaré haciendo algún 1500.



















































