Hace apenas dos años, Vincent Bouillard era conocido por compaginar su trabajo como ingeniero de innovación en HOKA con los entrenamientos. Después llegó su inesperada victoria en el UTMB 2024 y ahora ha dado otro golpe sobre la mesa: conquistar la Western States 100 con un tiempo de 13h46:15, rebajando en más de 23 minutos el histórico récord de Jim Walmsley.
El francés no solo logró su primera victoria en California. Se convirtió en el primer corredor francés en ganar la prueba y en uno de los pocos atletas capaces de conquistar tanto el UTMB como la Western States, dos ultras tan prestigiosas como radicalmente diferentes.
Pero detrás de esa exhibición no hubo ningún entrenamiento revolucionario. Al contrario: una planificación sencilla, muy estructurada y ejecutada con una disciplina casi perfecta tal como explicó su entrenador, Mario Fraioli.
Un objetivo claro desde el primer día
La preparación estuvo diseñada exclusivamente para llegar en el mejor estado posible a Western States. Todo el bloque estuvo orientado a ganar una carrera que exige velocidad, resistencia al calor y la capacidad de seguir corriendo fuerte después de más de doce horas de esfuerzo.
Su entrenador, resume la filosofía con una idea muy simple: cuando trabajas con un atleta de ese nivel, muchas veces el mayor reto consiste en no estropear lo que ya funciona. Bouillard es un corredor que disfruta entrenando fuerte, pero el verdadero trabajo fue encontrar el equilibrio entre cargar cuando tocaba y llegar siempre recuperado a la siguiente sesión importante.
La planificación debía adaptarse a una realidad poco habitual entre los grandes nombres del trail: Bouillard seguía trabajando en HOKA y, durante ese periodo, también se preparaba para ser padre.
Una semana de entrenamiento sin complicaciones
La estructura semanal apenas variaba durante la preparación.
Los lunes estaban reservados para rodajes suaves de recuperación de entre 75 y 90 minutos junto con trabajo de fuerza en el gimnasio.
Los martes llegaban salidas cómodas de entre hora y media y dos horas, terminando con algunas aceleraciones cortas para mantener la velocidad.
El miércoles era el día clave. Por la mañana realizaba repeticiones en subida y, por la tarde, una segunda sesión centrada en el trabajo de umbral. En total acumulaba hasta tres horas de entrenamiento repartidas en dos bloques.
El jueves repetía una jornada de recuperación y gimnasio.
El viernes volvía a rodar durante dos o tres horas a ritmo cómodo.
El sábado llegaba la sesión más importante: la tirada larga. En las semanas de mayor carga alcanzó las seis horas y media, incluyendo cambios de ritmo y situaciones muy similares a las que encontraría en California.
Los domingos sustituía la carrera por varias horas de bicicleta a intensidad suave, una actividad que le permite sumar resistencia sin aumentar el impacto muscular.
Preparar el cuerpo para correr bajo el calor
Western States no solo se gana con piernas. También exige soportar temperaturas muy elevadas.
Por eso, desde mediados de abril comenzó un trabajo específico de aclimatación al calor. Varias veces por semana realizaba sesiones muy suaves en bicicleta con abundante ropa para elevar la temperatura corporal. Conforme avanzaban las semanas, esas sesiones fueron aumentando de duración.
Una vez desplazado a Estados Unidos, donde ya no disponía del mismo material, sustituyó parte del trabajo por rodajes con varias capas de ropa y, en los últimos días antes de la carrera, utilizó baños de agua caliente para mantener esa adaptación fisiológica.
Todo este trabajo se realizó siempre a baja intensidad para evitar un exceso de fatiga y fue eliminado completamente durante la semana de competición.
Mucho volumen, pero siempre controlado
Durante las doce semanas principales acumuló una media cercana a las veinte horas semanales entre carrera, bicicleta y gimnasio.
En los momentos de mayor carga superó las 24 horas de entrenamiento y alcanzó semanas de más de 220 kilómetros corriendo, aunque la mayor parte del tiempo se movió en cifras algo inferiores.
Lo más llamativo no fue el volumen, sino la regularidad. Apenas tuvo un pequeño contratiempo muscular que obligó a reducir una tirada larga y, fuera de eso, completó prácticamente todo el plan previsto sin añadir entrenamientos extra ni dejarse llevar por las sensaciones del momento.
Una carrera ejecutada al milímetro
El resultado fue una actuación casi perfecta. Mientras otros favoritos como Hans Troyer, Francesco Puppi o Jim Walmsley marcaban el ritmo desde muy pronto, Bouillard prefirió mantenerse siempre cerca sin gastar más energía de la necesaria.
La carrera cambió en los últimos kilómetros. Entre las millas 85 y 90 alcanzó a Puppi, tomó el liderato y ya nadie pudo seguirle hasta Auburn.
El resultado fue histórico: 13h46:15, nuevo récord absoluto de la Western States, con más de 23 minutos de ventaja sobre la anterior plusmarca y formando parte del podio más rápido que ha visto nunca la prueba, con los tres primeros corredores bajando de las 14 horas.
Cinco lecciones para cualquier trail runner
Aunque el entrenamiento de Bouillard pertenece a un atleta de élite, hay varias ideas que cualquier corredor puede aplicar:
- Tener un objetivo muy definido y hacer que cada entrenamiento responda a él.
- Mantener una estructura semanal sencilla y fácil de repetir.
- Respetar la diferencia entre los días de calidad y los días de recuperación.
- No tener miedo a reducir la carga antes de una competición importante.
- Disfrutar del proceso. Incluso preparando una de las carreras más exigentes del mundo, Bouillard seguía saliendo a correr con entusiasmo y curiosidad por descubrir hasta dónde podía llegar.

























































