Dos años después de enlazar las 82 cumbres de más de 4.000 metros de los Alpes, Kilian Jornet ha publicado una íntima reflexión sobre Alpine Connections.
Petite balade alpine. Algo así como «pequeño paseo alpino». Así se llamaba, con bastante ironía, el grupo de WhatsApp que Kilian Jornet compartía con algunos de los amigos que le ayudaron durante Alpine Connections, uno de los proyectos más extraordinarios de su carrera deportiva y montañera.
En agosto de 2024, Jornet recorrió 1.207 kilómetros, ascendió 75.344 metros positivos y enlazó las 82 cumbres alpinas de más de 4.000 metros en 19 días, desplazándose entre ellas únicamente mediante medios humanos: corriendo, escalando, caminando o en bicicleta. Acumuló más de 267 horas de actividad y durmió, de media, poco más de cinco horas diarias.

Dos años después, sin embargo, el catalán parece mucho menos interesado en esas cifras que en comprender qué ocurrió dentro de él durante aquellos días.
En una extensa reflexión publicada en su Substack, Jornet revisita el proyecto desde una perspectiva mucho más personal. No como una hazaña que añadir al currículum, sino como una experiencia que reconoce que todavía está tratando de asimilar.
Los 82 cuatromiles eran solo una excusa
Quizá esta sea la idea que resume mejor todo el texto. Alpine Connections podía parecer desde fuera un gigantesco desafío deportivo: completar todas las cumbres de más de 4.000 metros de los Alpes y conectarlas sin transporte motorizado. Para Kilian, sin embargo, esas montañas terminaron convirtiéndose simplemente en el marco de algo diferente.
Lo describe como un viaje interior para descubrir quién es, cuáles son sus motivaciones, sus miedos y sus límites. Los 82 cuatromiles eran, en cierta medida, la estructura necesaria para provocar esa exploración personal.
Una interpretación que explica también por qué Jornet rechaza frontalmente que Alpine Connections sea reducido a una cuestión de cronómetro.
«Hablar de récords es prostituir la experiencia que viví».
La frase es contundente. Jornet reconoce haberse inspirado en figuras y proyectos históricos del alpinismo como Patrick Berhault, Martin Moran, Simon Jenkins, Franz Nicolini, Diego Giovannini o Ueli Steck.
Y él mismo admite que completar los 82 cuatromiles en 19 días supuso una enorme diferencia respecto a anteriores enlaces realizados en 60 y 62 días. Pero considera que esa diferencia tiene más que ver con una manera distinta de concebir el recorrido que con una supuesta superioridad física.
Su objetivo era permanecer el máximo tiempo posible dentro de cada macizo, enlazando crestas y cumbres antes de volver a bajar, tratando de convertir varias jornadas en una especie de enorme push continuo.
La estética del recorrido importaba tanto como llegar a las cimas.

Kilian también reconoce haber ido demasiado lejos
Pero la reflexión tiene una parte especialmente interesante porque se aleja bastante de cualquier relato heroico. Kilian reconoce que durante Alpine Connections tomó decisiones de las que no se siente orgulloso y que ahora necesita revisar por qué, en determinados momentos, aceptó riesgos que él mismo consideraba conscientemente poco razonables.
Probablemente sea uno de los aspectos más importantes del texto viniendo de alguien cuya capacidad técnica y conocimiento de la montaña se encuentran a años luz de los de un montañero convencional.
El desafío no consistió únicamente en soportar el cansancio físico. Jornet explica que lo realmente difícil fue permanecer concentrado durante tantas horas y tantos días consecutivos mientras gestionaba peligros como grietas, desprendimientos, seracs, roca inestable, tormentas o el propio agotamiento neuromuscular.
Según su propia valoración, la fatiga emocional y cognitiva pudo ser incluso mayor que la física.
En una expedición técnica al Himalaya, razona, los periodos de máximo estrés pueden concentrarse durante algunos días de ataque. En Alpine Connections, en cambio, permanecer durante jornadas enteras en las crestas obligaba a mantener ese estado de atención casi permanentemente.
La pregunta ya no era cuánto podía correr o escalar. Era cuánto tiempo podía seguir tomando buenas decisiones estando cansado, privado de sueño y sometido a estrés.

El cuerpo respondió mejor de lo esperado
Curiosamente, fisiológicamente Jornet terminó el proyecto mucho mejor que en otros desafíos aparentemente menos técnicos.
Cuenta que consiguió mantener estable su peso durante toda la travesía y que podía recuperar rápidamente después de las jornadas más exigentes. Llegó a Alpine Connections con unos 54 kilos y terminó aproximadamente con el mismo peso, mientras que en su anterior travesía de los tresmiles del Pirineo había experimentado un deterioro progresivo.
El propio Kilian señala como factores decisivos una mejor estrategia nutricional, la hidratación, la gestión del descanso y haber llegado al proyecto en un estado físico excelente.
Los primeros datos recogidos durante el desafío estimaron además un gasto medio próximo a las 8.300 kcal diarias.
Pero incluso aquí vuelve a aparecer una constante en la reflexión: los números sirven para entender el cuerpo, no para explicar la experiencia.

Cuando deja de existir el esfuerzo
Entre tantos días de cansancio, riesgo y concentración también aparecieron momentos completamente diferentes.
Kilian describe jornadas en las que llegó a experimentar una sensación de flow: desplazarse por una cresta sin percibir aparentemente el esfuerzo, sintiendo una conexión absoluta entre su cuerpo y la montaña.
Son precisamente esos instantes -junto a amaneceres, noches de luna llena, puestas de sol, horas de soledad o conversaciones y risas compartidas- los que asegura que terminarán permaneciendo en su memoria. Es otra manera de explicar por qué reducir todo aquello a 19 días sería quedarse únicamente con la superficie.
Unos Alpes que ya no son los mismos
Alpine Connections también supuso para Jornet reencontrarse con unas montañas que conocía profundamente.
Había vivido alrededor de una década en los Alpes antes de marcharse, ocho años antes del proyecto. Al regresar encontró cambios que asegura que le impactaron: retroceso de los glaciares, degradación del permafrost, modificaciones de las rutas y una mayor inestabilidad de determinadas zonas de montaña.
La Kilian Jornet Foundation utilizó precisamente Alpine Connections para mostrar sobre el terreno algunas de estas transformaciones. La degradación del permafrost puede desestabilizar paredes y provocar desprendimientos, mientras que el retroceso glaciar está modificando progresivamente el paisaje y la forma de practicar actividades como el alpinismo o el trail running en los Alpes.
Para alguien que había recorrido esas mismas montañas durante años, el cambio no era abstracto. Estaba delante de sus ojos.

Ni siquiera el material es lo más importante
También hay espacio para una reflexión especialmente interesante en una época en la que prácticamente todo el deporte gira alrededor del producto.
Kilian utilizó tres pares de NNormal Tomir 2 durante la travesía, además de crampones, piolets, cuerdas, casco, arnés y un equipo extremadamente estudiado para moverse rápido en terreno alpino. Pero su conclusión sobre el material es bastante menos comercial: el equipamiento no sirve de demasiado sin el conocimiento necesario para utilizarlo y sin experiencia suficiente para sentirse cómodo con él.
Lo extraordinario estaba en otro sitio
Las estadísticas de Alpine Connections siguen siendo difíciles de asimilar.
82 cuatromiles. 1.207 kilómetros. Más de 75.000 metros positivos. 19 días.
Pero dos años después, Kilian Jornet parece decirnos que probablemente estuvimos mirando en la dirección equivocada.
Porque cuando recuerda aquellas semanas no habla primero de velocidad. Habla de amigos. De miedo. De decisiones equivocadas. De comida. De amaneceres. De roca. De cambio climático. De cansancio. De concentración. De momentos en los que cuerpo y montaña parecían convertirse en una misma cosa.
Alpine Connections fue seguramente una de las mayores demostraciones de capacidad física y técnica de la carrera de Kilian Jornet.
Pero para él, aparentemente, eso nunca fue lo verdaderamente importante. Los 82 cuatromiles solo fueron la excusa.


























































