Jaime Guerra, durante un entrenamiento calentando / LBDC
Recientemente nos acercamos a la pista de atletismo de Cornellà para ver in situ cómo es el día a día de un saltador de longitud TOP mundial del calibre de Jaime Guerra. El atleta de Sant Boi, que hizo posición de finalista en el pasado Campeonato del Mundo de Tokio, se ejercita a las órdenes de su entrenadora María Durán desde hace 15 años. Un binomio que ha alcanzado cotas “inimaginables”, como la propia técnica nos confiesa. Y que quiere más, claro. Jaime tiene una mejor marca de 8,17 metros e intentará a lo largo de este 2026 mejorarla. Ya ha sido quinto en un Europeo y está listo para dar el salto hacia un podio internacional.
Jaime nos explica en la entrevista completa cosas muy interesantes de su preparación, sus manías, cómo lleva la vida como atleta de élite, frustraciones, etcétera. Entre otras cosas, nos habla de sus rutinas precompetición. Y de malas experiencias y ‘experimentos’ que le han hecho aprender y modificar hábitos.
“Siempre hago lo mismo, lo mismo que hago aquí en el entreno, pues igual hago un rodaje de un par de vueltas, estiramiento, movilidad, igual una técnica de carrera y algunas batidas a tres pasos y ya está. Tampoco intento pasarme mucho en el calentamiento porque a veces cuando estás mucho rato calentando luego en la competición lo acabas pagando. Entonces yo intento siempre en las competiciones calentar lo menos posible”, cuenta.
“En un Mundial como este pasado en Tokio, tienes mucho tiempo antes de salir a la pista de cámara de llamadas, entonces tienes que gestionarte muy bien ese tiempo para no sobrecalentarte y sobrecalentar para luego estar cansado, porque al final eso es lo que me pasó en Budapest cuando fui a mi primer Mundial, que me puse a calentar como un loco y cuando tenía que saltar ya no tenía fuerza. Entonces intento no calentar muchísimo y luego cuando hay tanta gente, somos 18 personas que tenemos que esperar a que salten los demás, pues al final lo tienes que gestionar con calma. Tumbarte, cuando ya quedan 8 o así te levantas, andas un poco y ya cuando te quedan 3 o 4 ya te activas un poco más. Pero es eso, hay que saber estarse un poco quieto porque si no se acaba fundido”, añade el de Sant Boi.