Kilian Jornet ha puesto palabras —y diagnóstico— a las molestias que arrastraba en su rodilla izquierda durante las últimas semanas.
El corredor catalán ha explicado en su Substack, bajo el título Every kilometer is a gift, que una resonancia magnética realizada después de la Zegama-Aizkorri ha confirmado una lesión importante en la articulación: rotura horizontal en el asta anterior del menisco lateral, edemas, y daño en el cartílago de la rótula.
Con este parte médico nos tocaría guardar a los mortales las zapatillas en el zapatero durante bastante tiempo… pero tratándose de Kilian, la lectura cambia radicalmente.
El atleta de NNormal ha desvelado que ya venía gestionando dolor en la rodilla izquierda antes de Zegama. De hecho, también explica como gestiona ese dolor -y otros muchos- a lo largo de los años, asimilando que es parte del ‘juego’ de un atleta de élite y que como mínimo él, ha aprendido a convivir con el dolor.
Durante la preparación de Zegama, había combinado los entrenamientos con sesiones de fisioterapia en casa, intentando llegar a una de las carreras más simbólicas de su trayectoria. Al final, en la prueba vasca llegó sabiendo a lo que iba, y salió “a probar” pero sin embargo, el dolor -sobretodo en el llano y las bajadas- le impidió competir a máxima intensidad. La parte buena es que Jornet pudo seguir, bajar el ritmo y sobretodo, disfrutar de un ambiente que cuando corres a tope vives con menos intensidad, pero eso sí, ya lejos de la pelea por la victoria.
La lesión, además, no aparece de la nada. Kilian recuerda que su pierna izquierda arrastra una historia larga desde 2006, cuando sufrió una fractura de rótula tras una caída. Aquella lesión necesitó cirugía y dejó una diferencia de fuerza y rango de movimiento entre ambas piernas. Desde entonces, como él mismo resume, cada kilómetro que su rodilla le permite correr fuerte es “un regalo” (lo mismo que pienso yo desde que me operaron de una arritmia de corazón).
Según explica, el dolor actual empeora especialmente cuando corre rápido en llano, donde el impacto es mayor, y mejora cuando el entrenamiento se vuelve más vertical. No es una molestia nueva: Jornet asegura que lleva conviviendo con ella durante los últimos tres años, probablemente desde una primera lesión de menisco. También apareció durante la preparación de Chianti y Western States el año pasado.
Ahora, el gran interrogante está en la Western States 100, prevista para el 27 y 28 de junio de 2026. Kilian mantiene el objetivo de estar en la línea de salida, aunque reconoce que la preparación será muy diferente, pero eso también le motiva. La prioridad pasa por recuperarse lo antes posible, reducir impacto y buscar nuevas formas de entrenar para una carrera que, precisamente, exige correr mucho y durante muchas horas.
Lejos de presentarlo como una tragedia deportiva, (Jornet style) lo plantea como un nuevo reto. Una lesión, sí. Pero también una oportunidad para experimentar, ajustar el entrenamiento y comprobar hasta dónde puede responder el cuerpo cuando las condiciones no son perfectas.
En tiempos donde a veces se habla de los grandes atletas como si fueran de otro planeta, Kilian ha vuelto a recordar algo bastante más interesante: incluso los mejores del mundo negocian con el dolor, con la edad, con las lesiones y con ese margen cada vez más fino entre apretar y romperse.
Western States dirá si ese margen todavía le permite competir. De momento, Kilian ya ha dejado claro que no se baja del carro.