1.338.544 personas. Es la cifra que ha vuelto a poner patas arriba al mundo del running.
Ese es el número total de solicitudes registradas para participar en el Maratón de Londres 2027. Un nuevo récord absoluto. Nunca antes un dorsal fue tan deseado. Y lo más impactante: son 338.000 solicitudes más que el año anterior.
Lo que está pasando ya no es casual. Es el reflejo de una transformación mucho más profunda: el running ha dejado de ser un deporte para convertirse en un fenómeno social, cultural… y también económico.
Cifras que hablan por sí solas
Comparado con años anteriores, el crecimiento es simplemente descomunal:
- 578.304 solicitudes en 2024
- 840.318 en 2025
- 1.133.813 en 2026
- 1.338.544 en 2027
El dato más llamativo no es solo cuántos quieren correr, sino esto: Si todos los inscritos participaran, Londres tendría que cerrar sus calles durante 22 días.
Un dorsal casi imposible
El Maratón de Londres se ha convertido en la carrera con más demanda del mundo. Actualmente, unos 60.000 corredores logran participar. Para 2027, la organización estudia ampliar a 100.000 dorsales o incluso dividir la prueba en dos días para llegar a 120.000 participantes.
Aun así, seguirían quedándose fuera más de un millón de personas.
¿Qué hay detrás del auge del running? Una mirada sociodemográfica
El running está cambiando de piel. Lo que antes era una cita deportiva hoy se ha transformado en un fenómeno cultural y social de primer orden. Londres no es una excepción.
Ya no se corre solo por rendimiento, por esa suma de kilómetros y cronómetros. El modelo tradicional ha quedado atrás cómo señalan los expertos. En este nuevo contexto, el running ha dejado de ser una actividad individualista para convertirse en una práctica transversal, cargada de significado.
Lo demuestran los números donde la avalancha en dorsales vendidos y ventas de zapatillas es total. Pero la clave, según los especialistas, parece no estar solo en las cifras sino en lo que representan esos valores absolutos. Fuente conocedoras del sector apuntan a una combinación de factores sociales, demográficos y culturales que ayudan a explicar este nuevo ‘boom’.
Primero, el perfil del corredor que se ha diversificado radicalmente. Frente al estereotipo masculino y competitivo, hoy vemos más mujeres (hasta un 50% en algunas pruebas), más debutantes, más mayores activos y muchísimos jóvenes menores de 30 años.
Correr ya no es una práctica de nicho, es una actividad intergeneracional, accesible y, por qué no decirlo, emocionalmente significativa.
Segundo, hay una redefinición del bienestar y del ocio urbano. “Muchas personas buscan experiencias que combinen salud, socialización, propósito y espacio público. El running ofrece las cuatro. No requiere instalaciones, se adapta al ritmo vital y conecta con valores como el esfuerzo, la sostenibilidad y la autosuperación”, apunta Jordi Teran, analista de la empresa del sector Corring Sports Consulting.
Tercero, emerge un nuevo tipo de corredor: el corredor emocional. Cada vez más personas se inscriben no solo para competir, sino para superar, compartir o reivindicar algo. Ya no se trata solo de marca personal: cada dorsal representa una historia. Aquí el impacto de las redes sociales es innegable y el running emerge como una narrativa de primera magnitud: correr como forma de estar en el mundo. Ya no se corre en silencio. Se corre en grupo, en red. Se entrena en clubes, se comparte en redes y, lo mejor, se celebra con amigos.


























































