El Comité Olímpico Internacional ha anunciado este jueves un cambio de enorme alcance en su política de elegibilidad: desde los Juegos de Los Ángeles 2028, solo podrán competir en las disciplinas femeninas las atletas consideradas “mujeres biológicas”, una condición que se determinará mediante una prueba genética única basada en el gen SRY.
La medida no será retroactiva y, según el propio COI, no afectará ni al deporte de base ni al amateur. También se contemplan excepciones en casos muy concretos, como algunas atletas con diagnóstico de síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos (CAIS) u otras diferencias del desarrollo sexual que, a juicio del organismo, no impliquen ventaja derivada de la testosterona.
La decisión supone un volantazo respecto a la línea que el COI había mantenido en los últimos años. En 2021, el organismo retiró su criterio universal sobre testosterona y dejó en manos de cada federación internacional la regulación de la participación de atletas trans y con variaciones del desarrollo sexual. Entonces defendió que no existía una respuesta única válida para todos los deportes y que no había una conclusión definitiva sobre el efecto competitivo de la testosterona en todos los casos.
Antes de eso, el COI ya había modificado su postura en dos ocasiones. En 2004, con el llamado Consenso de Estocolmo, autorizó la participación de deportistas que hubieran cambiado de sexo, pero bajo requisitos muy estrictos: cirugía completa, reconocimiento legal y tratamiento hormonal. Más tarde, en 2015, suavizó ese marco y eliminó la exigencia de cirugía, pasando a centrar la elegibilidad en un límite de testosterona inferior a 10 nmol/L durante al menos 12 meses antes de competir.

El cambio anunciado ahora devuelve al COI a una posición mucho más intervencionista. El organismo llevaba años evitando fijar una regla común para todos los deportes, pero con la llegada de Kirsty Coventry a la presidencia en junio de 2025 optó por recuperar una norma uniforme para los eventos olímpicos.
El argumento central del COI es que, en competición de élite, incluso diferencias mínimas pueden resultar decisivas para la equidad y, en algunos deportes, también para la seguridad.
Para el atletismo, la noticia no cae en terreno desconocido. Algunas federaciones ya habían endurecido sus propias reglas en los últimos años, pero el anuncio del COI fija ahora una referencia común para el escaparate deportivo más importante del planeta. En otras palabras: después de dos décadas de bandazos entre cirugía, testosterona, inclusión flexible y delegación en las federaciones, el olimpismo vuelve a marcar una línea única para la categoría femenina.
Más allá del ruido político que acompañará esta decisión, la nueva regulación del COI puede entenderse como un paso lógico para proteger la equidad en el deporte femenino. En la élite, donde cualquier ventaja física cuenta, establecer una categoría femenina reservada a mujeres biológicas refuerza la idea de una competición más justa para las mujeres. Será una medida discutida, sin duda, pero también una que responde a una demanda cada vez más presente dentro del propio deporte.



























































