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Kilian Jornet: la importancia de saber darse la vuelta en la montaña

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Kilian Jornet: la importancia de saber darse la vuelta en la montaña

¿Dónde está la frontera entre la valentía y la imprudencia?

¿Por qué una actividad que nos parece una auténtica locura puede resultar asumible para otra persona?

Estamos acostumbrados a ver a Kilian Jornet corriendo por crestas imposibles, ascendiendo montañas como el Everest a velocidades difíciles de imaginar o completando retos imposibles.

Pero detrás de esas imágenes hay algo que no aparece en los vídeos de Instagram ni en los registros de Strava: miles de horas de preparación, conocimiento del terreno y, sobre todo, decisiones que muchas veces consisten en no seguir adelante.

En un artículo publicado en su Substack, titulado Fear, Risk and the Mountains, Jornet aborda una cuestión que trasciende el alpinismo y que también debería interesar a cualquier corredor y corredora de montaña: ¿sabemos realmente qué riesgos estamos asumiendo cuando salimos a la montaña?

kilian jornet substack trail
Credit: @nickdanielson

El miedo no significa lo mismo para todos

Kilian comienza su reflexión planteando una situación bastante reconocible. ¿Quién no ha sentido vértigo viendo a un escalador avanzando por una pared vertical, sin cuerda y con cientos de metros de vacío bajo sus pies?

A él también le sucede. Explica que cuando observa a Alex Honnold escalando en solo integral El Capitán, sus manos sudan y su pulso se acelera.

Y eso que estamos hablando de Kilian Jornet.

Su explicación es sencilla: cuando vemos a otra persona realizando una actividad extrema, tendemos a imaginarnos a nosotros mismos en esa situación, pero con nuestras propias capacidades.

Lo que para un observador como nosotros puede parecer una imprudencia, para un especialista puede ser una actividad estudiada durante meses o años. Eso no significa que sea segura, sino que la capacidad de gestionar sus dificultades es radicalmente diferente.

Jornet distingue también entre dificultad y riesgo. Una ruta puede ser técnicamente sencilla y, sin embargo, tener consecuencias terribles en caso de error. Del mismo modo, una actividad muy exigente puede desarrollarse en un entorno relativamente controlado.

No basta con saber si somos capaces de superar una dificultad. También debemos valorar qué puede suceder si algo sale mal.

Kilian Jornet se da la vuelta en la mitad de sus actividades

Probablemente, una de las confesiones más interesantes del artículo tiene que ver con algo que apenas se ve en las redes sociales: las renuncias.

Jornet explica que acostumbra a tomar decisiones mediante un proceso racional, valorando las condiciones, las dificultades y sus propias capacidades. Y asegura que termina dándose la vuelta en aproximadamente la mitad de sus actividades en la montaña.

Es un dato significativo viniendo de alguien que ha convertido la exploración de sus límites en una parte esencial de su trayectoria deportiva. El mejor corredor de montaña de la historia también reconoce que en una ocasión tuvo que ser rescatado como consecuencia de una mala planificación y de haber sobreestimado las capacidades de su equipo.

Aquella experiencia reforzó una idea: las emociones no deberían imponerse al análisis cuando se toman decisiones en la montaña.

Porque existe una trampa psicológica que muchos corredores/as reconocerán. Después de varias horas de esfuerzo, cuando tenemos la cima a pocos metros o estamos cerca de completar una ruta, cuesta muchísimo más renunciar.

Hemos invertido tiempo, energía e ilusión. Quizá llevamos semanas preparando esa jornada. Y precisamente entonces es cuando podemos tomar una decisión equivocada.

La montaña seguirá ahí otro día. Nosotros deberíamos procurar poder volver.

La importancia de saber interpretar el riesgo

Jornet menciona el método 3×3 de Werner Munter, una herramienta de evaluación utilizada en actividades de montaña que invita a revisar tres grandes factores: las condiciones, el terreno y las personas.

La idea fundamental es que esa evaluación no debe hacerse únicamente antes de salir de casa. Tiene que mantenerse durante toda la actividad.

Una previsión meteorológica favorable puede cambiar. Un terreno aparentemente sencillo puede presentar dificultades inesperadas. Y nuestras capacidades tampoco son constantes: el cansancio o el paso de las horas pueden transformar una situación inicialmente asumible.

Para quienes practicamos trail running, esto tiene una aplicación evidente. No es lo mismo recorrer un sendero técnico durante un entrenamiento de una hora que llegar a ese mismo punto después de diez horas de carrera, con las piernas reventadas y la concentración disminuida.

La experiencia nos ayuda a interpretar estas situaciones, pero también puede generar un exceso de confianza.

Por eso, quizás una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar no es aprender a correr más rápido bajando, sino reconocer cuándo ha llegado el momento de modificar el recorrido, regresar (o abandonar en una carrera).

¿Ha cambiado su relación con el riesgo desde que es padre?

Otro apartado interesante aborda cómo ha influido la paternidad en su relación con la montaña.

Jornet reconoce que convertirse en padre no modificó sustancialmente su manera de tomar decisiones durante sus actividades. Su intención ya era evaluar racionalmente los peligros y actuar en consecuencia.

Lo que sí cambió fue su disposición a aceptar determinados riesgos en otros ámbitos de su vida.

Y aquí introduce una reflexión que va más allá del deporte. Socialmente aceptamos comportamientos potencialmente perjudiciales sin prestarles demasiada atención. El sedentarismo, determinados hábitos alimentarios o algunas conductas al volante forman parte de una normalidad que pocas veces cuestionamos con la misma intensidad que una actividad de alpinismo.

Eso no convierte a la montaña en un entorno seguro, pero sí evidencia que nuestra percepción del peligro depende mucho del contexto y de aquello que consideramos habitual.

kilian jornet substack trail
credit: @nickdanielson

¿Inspiración o una peligrosa invitación a imitar?

El texto también aborda una cuestión especialmente actual: la responsabilidad de los deportistas de élite cuando comparten sus actividades más extremas en redes sociales.

¿Puede una imagen espectacular llevar a alguien sin preparación suficiente a intentar reproducirla? Naturalmente, existe esa posibilidad.

Pero Jornet plantea la otra cara del debate. Si únicamente mostramos las grandes hazañas y ocultamos el entrenamiento, la preparación y todos los pasos previos, podemos transmitir una imagen igualmente equivocada: que esas actividades son accesibles sin necesidad de años de aprendizaje.

Su postura apuesta por la transparencia, aunque evitando compartir determinada información que pueda favorecer imitaciones poco meditadas.

Es una reflexión especialmente oportuna en una época en la que una actividad de varias horas puede resumirse en treinta segundos de vídeo.

¿Y por qué seguimos subiendo montañas?

Hacia el final de su reflexión, Kilian se plantea una de las preguntas más clásicas y debatidas en el mundillo: ¿por qué subir montañas?

Desde una perspectiva estrictamente relacionada con la supervivencia, escalar una montaña no tiene ninguna utilidad. Tampoco correr un maratón, pintar un cuadro o escuchar música.

Sin embargo, dedicamos una parte importante de nuestras vidas a actividades que no son necesarias para sobrevivir, pero que nos proporcionan satisfacción y sentido.

Jornet encuentra esa felicidad en la montaña.

Y probablemente ahí esté una de las claves de toda su reflexión. No necesitamos justificar permanentemente por qué corremos, escalamos o buscamos nuevos desafíos. Pero sí tenemos la responsabilidad de comprender qué estamos haciendo y qué consecuencias pueden tener nuestras decisiones.

Porque disfrutar de la montaña no debería confundirse con demostrar continuamente hasta dónde somos capaces de llegar. Hay días para explorar nuestros límites. Y otros en los que la mejor decisión es simplemente regresar a casa.

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