El 10K Facsa Castelló prometía velocidad, espectáculo y marcas históricas. Y las hubo. Pero también dejó una imagen incómoda, peligrosa: una caída múltiple en plena salida, con corredoras en el suelo mientras otros intentaban esquivarlas.
En una prueba donde se batieron dos récords de Europa, el francés Yann Schrub (26:43) y la británica Megan Keith (30:07), y donde el ugandés Harbert Kibet hizo la mejor marca mundial del año (26:39), una imagen que se ha hecho viral es la del tapón, el tropezón y el efecto dominó.
Nivel altísimo. Ritmos de vértigo. Nervios acumulados. Y una realidad que muchos corredores describen: “La salida era demasiado estrecha para la cantidad de corredores. Los de detrás empujan cuando aún no se ha salido y no hay espacio”.
“El año pasado ya fue un desastre, no hubo caídas de milagro”. Las imágenes muestran lo que ocurre cuando la densidad supera a la lógica: acumulación, empujones involuntarios, nadie quiere quedarse atrás. Agobio. Y cuando cae uno, caen varios.
No es la primera vez. El recuerdo es inevitable: la montonera del 10K Valencia, cuando un tapón en los primeros metros provocó una escena muy peligrosa. Entonces se habló de mejorar la distribución por marcas, de salidas más escalonadas, de mayor fluidez.
Más allá de la organización, hay una cuestión incómoda que también aflora: Corredores en cajones que no les corresponden. Ritmos inflados en redes sociales y gente colocándose delante “por si acaso”.